Después del paréntesis del año pasado,  la Ingeniería Técnica Industrial volvió a reunirse del 12 al 14 de agosto en la Feria de Muestras de Gijón, FIDMA 2021,  donde los decanos de los Colegios Profesionales que representan la profesión, así como otras entidades y organismos del sector, reafirmaron su compromiso de seguir trabajando en la construcción de un mundo mejor, más sostenible y competitivo. El COGITIM estuvo representado en este certamen por una amplia delegación de su Junta de Gobierno, encabezada por su decano, José Antonio Galdón Ruiz.

 
Varios medios de comunicación se han hecho eco de estos encuentros publicando varios artículos sobre el desarrollo del mismo. Por su interés a continuación reproducimos parte del artículo publicado en el periódico La Nueva España, donde se entrevista a José Antonio Galdón Ruíz, Presidente del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial y Decano del COGITIM.
 

“La ya vieja tradición de venir a Gijón se retoma tras la pandemia. ¿Qué significa participar en este encuentro?

–Es una alegría estar de nuevo aquí, porque nos vamos acercando a algo más parecido a la normalidad. Venir a la ciudad aprovechando la Feria de Muestras forma parte de nuestra propia esencia, queremos aprovechar el verano, cuando las mentes están algo más despejadas, y así podemos afrontar las situaciones de otra manera, buscar nuevos enfoques y perspectivas. Venir a Gijón sirve, creo, para unir y cohesionar la profesión. No cabe duda de la amabilidad con la que se nos recibe siempre, aunque este año venir también supone un refugio para escapar de la ola de calor. Todo son bondades. (Ríe).

¿La pandemia ha cambiado su hoja de ruta?

–Creo que la pandemia sobre todo puso de manifiesto el acelerón tecnológico. Realmente ya estábamos preparados para avanzar en muchas cosas que aún no se habían implementado. En este tiempo creo que lo que ha visto es la esencia de muchas profesiones de la sociedad. Se vio en este caso de forma clara con los sanitarios, que han llevado el gran peso de la pandemia, pero nuestra profesión también ha estado ahí desde el minuto uno garantizado que los hospitales seguían funcionando y que las industrias se mantenían con normalidad. Esa labor también hay que reconocerla.

De los ingenieros siempre se dice que, aunque muchos tienen que salir a trabajar fuera, su gran ventaja es que apenas hay casos de desempleo. ¿Es así?

–Sí, porque lo que nos define en nuestra profesión, y lo que valoran más las empresas, es nuestra capacidad de adaptación. Esto se espera de cualquier profesional, pero es verdad que es algo que va de alguna manera implícito en la ingeniería por su propia definición. Nuestro trabajo consiste en utilizar toda la tecnología y herramientas a nuestra disposición, y el sector debe hacerlo con responsabilidad y ante todo tipo de problemas y situaciones. Y todo ese conjunto de valores que, a mi juicio, definen la profesión, al final lo que nos permite es que somos capaces de adaptarnos a cualquier proceso productivo y a cualquier situación, también esta por la que estamos pasando. Siempre decimos que es muy importante, por eso, que las pequeñas y medianas empresas incorporen ingenieros en su plantilla, porque son los que tienen interiorizados esa capacidad de innovación y cambio. Es un lema que siempre usamos: una pyme, un ingeniero.

El tejido productivo de Asturias se nutre mucho de esas pequeñas pymes. ¿Hemos introducido la figura de ingeniero en ellas o nos queda aún camino por recorrer?

–Queda por recorrer, pero es un problema generalizado en las pequeñas y medianas empresas. Intentamos que se hable sobre esto porque si no potenciamos que estas empresas se renueven, se van a estancar. Hoy en día debes estar al día, avanzar en tus conocimientos, no hacer lo mismo que hacías hace 25 años porque si te estacas alguna empresa más grande o más innovadora que tú va a acabar contigo. Esa evolución empresarial debe ser una de las cuestiones sobre las que se apliquen los fondos europeos. Las ayudas que se pongan en marcha deben de apostar por la modernización y digitalización del sector productivo para que las empresas sean más competitivas. Y hablamos de competitividad en el buen sentido, en el de avanzar. La formación de los ingenieros españoles es referente a nivel europeo y debemos aprovecharlo como aliciente empresarial.

Arcelor ha anunciado recientemente un gran paso adelante en su modernización y reducción de emisiones con unos 1.000 millones de euros de inversión.

–Es un buen ejemplo, sí. Además, todo lo que sea tratar de transformar el modelo energético hacia uno más sostenible y con la inversión adecuada, planificándola para que se de con un sistema rentable y productivo para la empresa, será siempre un paso importante. Para Arcelor la energía es una materia prima, es algo esencial para su producción, y ya estamos viendo lo que está pasando ahora mismo en España con el precio de la energía.

¿A qué responden estas subidas en las tarifas?

–De este tema hemos hablado largo y tendido en el Consejo. Yo estoy doctorado y mi trabajo fue sobre el sistema energético español y, como yo lo veo, lo que todo esto nos está dejando claro es que la nula planificación del sistema energético y el cortoplacismo que ha ido acompañando a los diferentes gobiernos que han ido pasando a la nación nos han traído hasta aquí. Pero lo peor de todo esto no es que el precio de la luz sea ahora mismo muy caro, sino la falta de control.

¿En qué sentido?

–Es que no tenemos ningún control sobre el precio de la electricidad en el país. Y en un momento como este, en el que estamos todo intentando recuperarnos, si nos ponen de antemano una barrera competitiva de este tipo... Porque esto afecta a las empresas, pero también a las familias en un momento en el que todos somos muy vulnerables.

¿Cómo se podría solucionar?

–Se tiene que trabajar más hacia el autoabastecimiento energético, que es la gran deficiencia de nuestro sistema. Debemos seguir avanzando no solo en el almacenamiento, sino también en la propia gestión de la demanda, para que la incorporación de las energías renovables sea plena. Y para eso lo que hace falta es una planificación que tiene que huir de cualquier ideología y cortoplacismo. El sector energético debe apostar por la ingeniería y la gestión y usarse como arma arrojadiza entre partidos políticos. Tiene que ser competitiva y no hablo de estatalizarla ni nada de eso, pero la energía debe ser una cuestión de Estado, porque es un bien básico. Debemos poder mantener un cierto control sobre su precio.

¿Cuáles son los retos del gremio?

–El gran reto de una situación como la que vivimos ahora es que nos replanteamos las cosas. No sé, yo personalmente no lo he llevado muy bien, es como que te ves superado por las circunstancias y te sientes muy voluble. Y eso es lo que te hace pensar en que, además de ir viviendo el día a día, lo que tienes o tenemos que hacer es cambiar el planteamiento de algunas cosas. A nivel personal, pero también a nivel estratégico como país. Por ejemplo, de esos meses de desabastecimiento de material sanitario debemos repensar cómo cambiar nuestro sistema productivo, y ahí nuestro sector industrial tiene un alto valor añadido para el desarrollo de cualquier país.

¿El sector facilita asuntos como el teletrabajo?

–Bueno, al final lo que el sector debe hacer es aplicar la tecnología en todo lo que se pueda. Tal vez el sector productivo es uno en los que estas modalidades menos aplicación tienen. A la obra tienes que ir, tienes que verla y supervisarla, y en las plantas de producción hay que estar físicamente, aunque puedas automatizar ciertos sistemas. Pero sí ha habido muchos avances, sobre todo en las profesiones cualificadas.”

 
Fuente de la entrevista:  La Nueva España. Artículo firmado por Sandra F. Lombardía.